La piel es un material natural con una diversidad de acabados y propiedades. Las variaciones en el tono, las marcas, vetas o los granos son características propias que no deben considerarse imperfecciones.

   La piel en ambientes húmedos puede producir una ligera transferencia de color al frotarlas, en especial con el acabado afelpado, al tener el poro totalmente abierto. Hay que tenerlo en cuenta las primeras veces de uso y sobretodo con prendas de color claro. Igualmente puede producirse el proceso inverso con las prendas de colores oscuros, un ejemplo el pantalón vaquero.

   La piel tiene memoria así que a la hora de guardarlo poner relleno y elegir ambientes sin humedad y a la hora de usarlo no recargarlo, de esa manera conservaremos su forma original.

   La piel es sensible a la exposición directa y continuada de fuentes de luz y calor, que deteriorarían el color y la forma. Igualmente al ser un material poroso, hay que evitar el contacto excesivo con agua, grasas, alcohol, tintas, perfumes o cosméticos.